Ha finalizado Rock in Río y todo son buenas críticas para el festival. Según la organización y los medios de comunicación todo ha ido sobre ruedas. Lo cierto es que no ha ido mal si tenemos en cuenta que es la primera vez que se realiza un festival de música de tal magnitud en Madrid. Pero la verdad es que no ha sido tan bonito como nos lo han pintado. ¿Os se nos ha olvidado que ha tenido que ser retrasado un año el festival? Recordemos que se tuvo que cambiar la fecha de apertura al 2008 al verse que la construcción de las infraestructuras iba demasiado lenta y no estaría lista la ciudad del Rock para el 2007, como había sido anunciado en un principio. Pero esto no queda aquí, a partir de este imprevisto comienzan una serie de fallos que el comité organizador debería tener en cuenta si quiere que todo salga bien el próximo 2010, ¿o 2011?
Podemos empezar hablando de las diferentes posibilidades que se ofertaron al público para llegar hasta Arganda del Rey. Se pusieron varios puntos de salida de los autobuses “gratuitos” y entrecomillo gratuitos porque el precio iba incluido en la entrada, en la Comunidad de Madrid. Uno de estos puntos se encontraba en el estadio Santiago Bernabeu. En primer lugar decir que no fue difícil encontrar dónde se encontraba la cola. Sin embargo no existía el modo de conocer cuál era la cabecera de la que saldrían los autobuses, ya que no se dispuso ninguna señal para que las personas supieran dónde debían empezar la cola. Esto provocó una tremenda confusión y que quienes habían llegado los últimos quedaran los primeros y viceversa.
A pesar del reportaje que Antena 3 dio en A Fondo, en el que mostraba cómo se había desplegado un sistema de seguridad formado por perros, policía nacional montada y guardia civil la seguridad no es tanta como se hace ver. Es así que tras llegar a Arganda del Rey y esperar al menos una hora y media para poder pasar a Rock in Río el guarda de seguridad echa tan sólo un rápido vistazo a las mochilas del público, como si estuviera cansando de estar ahí deja que pase la gente sin apenas controlar con lo que llevan encima.
Otro inconveniente de este festival fue el elevado precio de las bebidas y las comidas. Dos euros por una botella de 5O cl. y ni siquiera tenías la posibilidad de adquirir una mayor. Y no hablemos ya si querías disfrutar de un helado o de una ración de pizza. Da la sensación de que a los españoles les sobra el dinero y que la crisis ha desaparecido en estos momentos al ver las largas colas que se hacen para poder adquirir una simple bebida (cosa lógica ya que se prohibía la entrada con alimentos y bebidas, algo que los patrocinadores del concierto debían aprovechar) y ser capaces de comprarse entradas de casi 70 euros.
Si seguimos con un análisis de las instalaciones de Rock in Río no podemos saltarnos los problemas que dieron los baños públicos. Aunque bien situados, a ambos lados del escenario mundo, las condiciones en que se encontraban el primer fin de semana no eran nada adecuadas.
Sólo las actuaciones musicales y la implicación de los artistas con el público, a excepción de Amy Winhouse que no tuvo ninguna palabra hacia el público que asistió a verla, salvan este primer festival de Rock in Río, de cuyo lema apenas se ha hecho mención durante los conciertos.
En conclusión se puede decir que nos lo han vendido mucho mejor de lo que realmente es. Esperemos que el próximo Rock in Río que se celebre en Arganda del Rey cuente con una mejor organización y no sólo se quede en otro negocio más sino que verdaderamente se hable algo más de compromisos sociales.
Beatriz H. Robledo

ales como Iván Corrales, Rafa Vecina o Antonio Martín . Betty Cebrián, Carolina Mújica y Manolo Coloma, representando el baloncesto femenino.
empezó sin gran emoción. Los dos primeros cuartos, con la victoria de España sobre Argentina de manera aplastante hicieron que la selección de Aíto se confiara.
encuentran ambas selecciones. Ginóboli fue la estrella indiscutible en esta parte, que parecía estar desaparecido en los dos anteriores cuartos. Durante los quince minutos que duró el tercer cuarto se pudieron ver los mejores triples de todo el partido, destacando los de Ginoboli y Delfino, por parte de Argentina y Rudy Fernández, Quinteros y Calderón, por parte de España. Esta vez la diferencia era menor, los argentinos se habían acercado tanto que España sólo iba ocho puntos por encima.